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Julio 2009

Medio año se ha ido y el tiempo parece indetenible. El mes de julio llegó con fisuras y discontinuidades, pero la marcha no se detiene.

Junio marcó su pauta y ha dejado una profunda huella en el corazón.

Al concluir alguna etapa de la vida, se inician nuevos distanciamientos. Ahora quedan despedidas - que no coinciden - y nos alejan de todo.

Como el cóndor que al detener su vuelo en las cumbres andinas, busca guarecerse en algún valle sagrado. Como el silencio - perdido en las serranías - que deambulando entre inaccesibles nevados se mezcla con nuestro adiós para convertirse en una difusa y ligera ilusión de regresos y cercanías.

Como si los tiempos compartidos cesaran para detenerse ante un improviso desfiladero. Una nota de angustia y soledad que envuelve y enrarece el aire.

Son los amigos que ahora se van. ¡Vueltas qué nos da el tango! ¿Quedará - quien sabe - alguna melodía después del baile?

Y los hijos, que antes de partir -enamorados- arrancaron azahares en los silenciosos corredores de la casa, para perfumar su nueva vida.

Entonces, quedan atrás las intensas reflexiones y discusiones, entre empujones, en el transmilenio en Bogotá, o en las interminables carreras de un aeropuerto a otro, o en el tranquilo café de una empedrada y sombría calleja de La Paz, o saboreando en Lima un exquisito rissoto hogareño, entre copas de vino, o aquel delicioso cebiche del mercado de Chorrillos, o en la escondida milonga de una oscura calle de Quito.

Fueron días que pasaron sin pasar, porque simplemente se quedaron congelados en el recuerdo.

Los caminos se cruzan y descruzan. Los días se vuelven noche y regresan en un esplendoroso amanecer. Un día seguirá al otro y seguramente en algún sendero nos volveremos a encontrar. La vida inexorable seguirá su curso.

Partiremos ahora con nuestra revista hacia Argentina -con tango y todo- refugio seguro para el espíritu aventurero y emprendedor. Entablaremos algunas aproximaciones con Borges y su exquisito mundo de espejos y poemas arrabaleros. Aprenderemos a bailar el tango, aunque esta vez no sea con la querida profe Juli, pero trataremos de dar finalmente con esos ocho - dichosos - pasos básicos.

¿Y qué tal si alguien, mientras tanto, nos cuenta la historia del mate?

Luego nos escaparemos sigilosos para dar algunas vueltas por mi Buenos Aires – querido - y hurgar entre sus secretos mejormente guardados, por si - como dijera Gardel - “yo te vuelva a ver”... mi bella ciudad.

En fin, esta vez nos iremos de farra, quizás para olvidar. Solo habrá tangos, nostalgias y una cierta sonrisa –triste y compartida- abandonada tras una burbujeante copa de champán…

Disfrútenlo.

Gustavo Pérez Ortega

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